Fort Lemon

Mucho se ha hablado del origen y forma de actuar de los Borregos Illuminati. O igual no, vosotros sabréis, pero a nosotros nos gusta pensar que sí. Ya sabéis, cosas de la ‘Arrogancia Pseudoescéptica’. Algunas veces ha sido de forma despectiva o directamente insultante. Otras veces se ha tenido que aguantar fuego presuntamente amigo, de adalides de la verdadera divulgación aderezada con humor. Se han vertido acusaciones como que es una cuenta a sueldo de la ‘Farmafia’. O algo más contundente, ¡que es una cuenta atea! Como si fuera algo indeseable, vergonzoso o indigno, por cierto. Pero la realidad es mucho más sencilla. Simple, incluso. Tras @illborregos nos encontramos una serie de personas humanas (que es lo lógico, claro, pero visto cómo está el patio conviene explicitarlo) con intereses comunes, entre los que se encuentran el gusto por la Ciencia, la cerveza, los torreznos, Tolkien o llegar a fin de mes. Porque ya os avanzamos que la ‘Farmafia’ ganará mucho, pero por aquí no reparte royalties. En fin, gente normal, con un sano puntito friki, eso sí. El asunto es que por estas fechas, hace dos años, comenzó a formarse lo que es el núcleo del rebaño . Por pura y didáctica diversión privada, a la que poco a poco y de forma gradual se fue sumando más gente. Y nos apetecía compartirla con nuestros ‘fologüers’, los mejores aliados que una cuenta de estas características puede tener. En las siguientes líneas se desvela el misterio y se narra la increíble pero cierta Historia del Origen de los Borregos, nacida entre las cenizas de la Batalla de Fort Lemon…

1 de diciembre de 2014. Twitter.

“¿Por la mañana o por la tarde?”, se preguntará usted —y sabemos que cierta matemática a la que todos tenemos cariño ya se estaba haciendo esa pregunta en su pelirroja cabeza—. Pues fue por la tarde. Una tarde gris, precursora de un invierno que no llegó a comparecer, comenzó todo. A lo lejos, gruñía un chanchito.

Lo que parecía que iba a ser otra conversación desestructurada típica de la red de “microblogging” con alguien con ideas alternativas acerca de qué es y cómo actúa la Ciencia, de esas del tipo hay que tener la mente abierta (que sí, que vale, pero parafraseando a Richard Feynman  no tanto como para que se te caiga el cerebro y mucho menos para que lo sustituyas por un estropajo de esos con esponjita azul) derivó en una masacre tuitera de proporciones ya legendarias en ciertos rediles. Muchos valientes fueron cobardemente bloqueados, sin demasiadas opciones para defenderse. Acribillados sin piedad por munición de grueso calibre, que caía de forma constante, con cadencia letal. Inmisericorde. Expresiones pueriles como “¡Beee!”, expresadas solo con el ánimo de ofender gratuitamente (no olvidemos que no ofende quien quiere, sino quien puede), las más sofisticadas “¡Sionistas!”, “¡Borregos!” o la infame “¡Iluminaty!” [sic] descargaron su rencor una y otra vez sobre un grupo de defensores del método científico. Maniqueos, además: Ciencia o Barbarie. ¿Qué provocó tal conmoción? El desencadenante de lo que ocurrió tan infausta tarde fue un tuit salido de las mismísimas letrinas del inframundo magufo. En él se decía sin rubor alguno que el cáncer (sí, el Premio Gordo) se podía curar con un preparado consistente en zumo de limón y bicarbonato, pero era algo que se mantenía oculto por los oscuros intereses económicos de la siniestra ‘Farmafia’ [sic].

¿Qué cáncer? Quizá se pregunte usted. No lo aclaró. Con esa inofensiva mezcla (salvo que te salpique los ojos) se pretendía derrotar al Gran Leviatán. La explicación afirmación se ‘fundamentaba’ sólida y magistralmente en las propiedades alcalinizantes del limón (WTF???) No preguntéis. El caso es que podría haber pasado desapercibido, como tantas balas de cañón disparadas al horizonte (B-7; agua), pero el ¿azar? ¿destino? quiso que impactara en el portaaviones de las cuentas de Twitter de varias personas humanas de distintos orígenes y localizaciones, con diferente formación académica, sin muchos lazos estrechados hasta ese momento, pero personas (humanas, os recuerdo) que no estaban por la labor de dejar impune tan deleznable muestra de miseria humana (sí, aquí no cabe otra).

Un inciso para situar la acción en su contexto:

El cáncer es un grupo de enfermedades cuya sola mención encoge el corazón de cualquiera. A veces es tratable y a veces no. En ocasiones se le derrota, en otras no. Lo cierto es que siempre deja tras de sí un reguero de sufrimiento, o como mínimo, un amargo sabor de boca. Hay que presentarse a combatir al Monstruo, pues lo único que no se admite es la incomparecencia: “la única causa perdida es la que se abandona”, dice una canción. Es fundamental enfrentarse a Él hasta el último aliento, con las armas de que buenamente se disponga, que hoy en día, afortunadamente, ya son muchas y afiladas. Y aun así no está garantizada la victoria final, de ninguna manera. Pero si vas a enfrentarte con un Monstruo real conviene, y mucho, presentarte a la batalla con armas reales. De las que hacen pupita. El manifestar y defender a pelo ideas como que las farmacéuticas no quieren curar, sino cronificar para ganar dinero con el dolor (ajeno, se supone) es una acusación muy grave. Requiere de pruebas. Pero pruebas sólidas, que más allá de la duda razonable que citan siempre los leguleyos de las películas de leguleyos, ratifiquen esa aseveración. Otra cosa es jugar con la esperanza de mucha gente enferma y de sus seres queridos. Que darían lo que fuera que les pidieran para recuperar la salud propia o la de los suyos. Sin dudarlo. Pero esto no es así. No es fácil encararlo ni mucho menos, asumirlo. Ojalá lo fuera; sería un mundo muy distinto.  Pero se necesita ayuda. Por eso es bueno saber y no solamente creer.

Ahí comenzó la lucha. Y así se forjó la leyenda de Fort Lemon…

Todos y cada uno de los que entramos al campo de batalla en el que se convirtió nuestro timeline defendíamos que, lamentablemente, no era tan sencillo. Ojalá. Pero no. Solo gentuza mezquina puede sugerir que la Ciencia no quiere la cura de las enfermedades, que solo quiere el dinero que se genera a su alrededor. Y ante esa afirmación, esa falsa promesa de curación con elementos tan asequibles, pedimos, o mejor dicho exigimos las correspondientes pruebas. No se mostró ni una. Ni tan siquiera un estudio de la Tanned Balls University (@TannedBallsU), Alma Mater de destacados monguers Alternativos™ (otra vez esa prepotencia tan pseudoescéptica, ains). Y es bien sabido que “lo que se afirma sin pruebas, sin pruebas se descarta”, como decía Hitchens. Esto fue inmediatamente tomado como una declaración de guerra, siguiendo al pie de la letra el Manual Magufo™, ese código no escrito pero invariable consistente en tirar la piedra y esconder la mano, negar todo, desviar la atención y, en última instancia, huir dejando a sus interlocutores como monologuistas resentidos. Y el mismísimo infierno se desencadenó en un abrir y cerrar de ojos…

“¡Beee!” Bloqueos sumarios, a traición, entre risas cínicas que no permitían réplica. “¡Beee!” Pseudomenciones cobardes para alimentar el ego y a sus fieles, siempre hambrientos y dispuestos a aceptar la palabra del gurú a ciegas. “¡Beee! ¡Beee! ¡Beee!” Silbaron sin cesar los tuits. Uno tras otro, en demenciales ráfagas inconexas que se perdieron como lágrimas en la lluvia. Recordad el Manual Magufo™: no dejes rastro por si te pillan, que lo harán. Trash Talking como recurso principal.

fort-lemon-memorial

Sí, muchos valientes caímos aquella aciaga tarde bajo el fuego de los ejércitos de Limones Alcalinizantes de Lady Citronia, Aquella-Cuyo-Nombre-No-Debe-Ser-Mencionado. Por no darle visibilidad ni publicidad a sus irresponsables memeces o a su bien estudiado victimismo (por cierto, otro capítulo del Manual Magufo™), no penséis otra cosa. Pero luchando codo con codo, tuit a tuit, forjamos La Alianza. Prometimos defender al indefenso frente a las hordas magufas. Prometimos combatir las pseudociencias desde las trincheras de la Razón y la Evidencia, uniendo nuestras fuerzas. Prometimos señalar y derribar las aberraciones disfrazadas con ese conveniente lenguaje científico que, en ocasiones, ni siquiera guarda relación con el tema que pretenden desfigurar, pero destinadas a aligerar la cartera y consumir las esperanzas de cualquier desinformado (sí, solo son eso, aquí no hay arrogancia ni prepotencia). Con pruebas. Y creamos una Hermandad, la Sagrada Orden de los Borregos Illuminati, para preservar la divulgación de la Ciencia y evitar que desafortunados incautos caigan en el Reverso Alcalino. Juntos intentamos poner nuestro granito de arena para «enterrar» las acciones interesadas en lucrarse con el desconocimiento o, mucho peor, con el sufrimiento.

El resto ya lo sabéis. O deberíais saberlo, si sois lectores de este blog. La leyenda de Fort Lemon sigue viva. ¡Semper Borregus!

Somos el terror de la Merma™… ¡Somos Borregos Illuminati!

En una nube de chemtrails, a 1 de diciembre de 2016

Texto original de José Luis Sampedro

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4 comentarios en “Fort Lemon

  1. Y desde que os descubrí espero mi ración semanal de merma de calidad, como la que por desgracia no cuesta demasiado encontrar en las procelosas aguas virtuales de Internet, que bajo cualquier grupo de bits puede esconderse un mermador capaz de soltar las lágrimas del más impertérrito lector.
    Si debido a la majadería de carácter Supremo, a la alcalinidad que destilan sus delirios o al ascopena general de construcción lingüística y aberración de ideas, lo dejaremos para cada lector.
    Pero para todos tendremos Terachopras suficientes para medir su aportación.
    Muchas gracias.

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  2. Así que si yo me prodigara por twitter probablemente sería una del equipo :O

    https://potiholic.com/falsa-cura-del-cancer-y-los-peligros-de-la-dieta-alcalina-editado es de unos meses antes a esa batalla tan cruenta.

    Apañeroooooosssss, un abrazo.

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  3. ¡Beee! Vivan los borregos. Y la merma.

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  4. Me uno sin dudarlo, maldita sea! Muerte a la maguferia!

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